BESUGO TIME
En medio de una tormenta del mes de marzo, una de
esas que parece amenazar con la llegada del fin del mundo, Gervasio, asoma el
morro un instante por la ventana de su cuarto-biblioteca-escritorio
para comprobar si de verdad es necesario prepararse para desaparecer entre
truenos y relámpagos. Cierra de golpe la hoja del ventanal mientras se gira
hacia una de las estanterías que se amontonan sin orden en el cuartucho.
Observa el sinnúmero de libros amontonados y
cubiertos de polvo acumulado en el tiempo. Mientras mira sin pasión alguna el
arsenal, se cruza una idea por su resecado cerebro, ¿Y si lo que ocurre detrás
de todo ese polvo es una fiesta de las estanterías? Para a continuación decirse
hacia sus adentros «tonterías, las juntas»,
las juntas, no las justas que eso es otro
pescaó.
El pobre de Gervasio no había adquirido conciencia
de su condición. Una vida regalada por obra y gracia de herencias recibidas lo
tenía a merced de una creencia engañosa, la de pensar que era rico porque tenía
parné. Muchos libros (probablemente no leídos) y una ignorancia supina sobre
las cosas que de verdad importan.
El estruendo de un trueno provocó la caída de uno
de los libros mal colocados en la balda que, al aterrizar contra el suelo,
mostró una frase lapidaria: «Todo el
mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres».
(Maquiavelo).
No todos los caminos conducen a lo nombrado solo
con la imaginación. A veces el tránsito se hace sin brújula por derroteros
perdidos o inimaginables.
El mundo no terminó con la tormenta, pero, ésta
trajo consigo una borrasca interior para Gervasio aplicándole a la par la
consigna de cambiar el rumbo de lo vivido hasta ese momento.
Sus conocidos no acertaban a ver al Gervasio de
antes de la tormenta. Y, es que, hay tempestades que mueven montañas llevándose
consigo la ilusión de eternidad.


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Soy toda "oídos". Compartir es vivir.