TU NOMBRE ME SABE A OLVIDO

La tradición manda. Era costumbre que cada nuevo miembro de la familia heredase el nombre del padre, madre, abuelo, bisabuela…herencia que, sin saberlo, se administraba al neófito con el bagaje completo de todo lo que en vida adornó al predecesor. Llamarse Luz, Candela, Violeta, Ernestina…y heredar no solo una cédula de identidad sino toda una batería de aciertos y desaciertos que conformarían la vida de estos herederos; un campo de flores o de minas y todo el patrimonio que conlleva la carga nominativa. Yo, que nací un domingo, ni pensar quiero en la adjudicación del día como nombre en femenino Dominga. Hay quién ha corrido peor suerte y lo lleva adjudicado para escarnio propio. Con el nombre se carga toda una vida. . Padres, madres del mundo: pensad bien antes de cometer el «nombrericidio» sobre vuestra descendencia. Si te llamas como yo, la losa ha de pesarte hasta la eternidad. Me consuelo un poco al ver escrito mi nombre en inglés: Solace , en inglés las cosa...