GANAR
Satisfacción, reconocimiento, premios sustanciosos... Hay
quien nunca ha ganado nada, y hay quien es capaz de cualquier cosa por ganar
una milésima de segundo de una gloria envenenada.
El universo encargado en eso de la repartición otorga a uno
la cualidad de martillo y a los más la condición de clavo. A ciencia cierta no
se sabe muy bien el porqué de que a uno
le adjunten una de estas dos cualidades o peor vengan impuestas en el ADN.
Cuando Kakia nació todo fueron parabienes en aquella hasta
entonces silenciosa casa. Los llantos amenizaban una vida sin ruidos sin color
y sin pasiones.
—Esta niña será reina…—Aventuró su abuela que, como toda
abuela que se precie está más dominada por el amor que por datos objetivos.
Ni Kakia fue reina, ni dominó reino alguno que no fuera el
de su propio ego. Soberbia para con los que conformaban su círculo. Altiva y
endiosada era la soberana de la altanería, arrogancia, fatuidad, altivez,
inmodestia, presunción, orgullo, arrogancia, vanidad, engreimiento,
impertinencia, jactancia, suficiencia,
fatuidad, pedantería, aires, humos, ínfulas…Todo el repertorio que da de sí un
diccionario de sinónimos.
Para ganar siempre, es necesaria la falta absoluta de escrúpulos,
de ética y, de conciencia, sin obviar como imprescindible que el mundo te
importe menos que la hormiga que pisas sin mirar.
Nota extraída
de internet: «*Kakia era la diosa del vicio según un mito griego».


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