AHORA O NUNCA
A la vista de los acontecimientos ocurridos en sus últimos treinta años de vida, Lucrecia comenzó a tener una sensación por extraña que pudiera parecer en principio que había enraizado en su interior; la sensación de haber callado más de lo necesario con el calado que eso suponía. Una vida de silencio autoimpuesto por el miedo a enfrentar las reacciones del o de los contrarios, producto con toda probabilidad de una rancia educación donde se instaba a ser sí o sí «una niña buena». Siguiendo la máxima de que nada permanece eternamente llegó el momento en que, tras su traslado a otras tierras planetarias comenzó a deshacerse cual cebolla de capa tras capa hasta alcanzar el corazón de lo que debería haber sido desde un primer momento. —Se acabó la niña buena, sumisa, idiotizada…a partir de hoy no habrá silencios que omitan la importancia de la contestación aplicada a su debido tiempo. —Se dijo Lucrecia con el ánimo de autoconvencerse. A escasos momentos de su partida la prim...