SIN NOTICIAS DEL MAR
Es verano. La ciudad es un enjambre de maletas chirriantes sobre el asfalto, van derramando notas para hacer notar a los ausentes de equipaje recordándoles así de paso, sus viajes fuera de la jungla que se derrite bajo el sol. Sonidos de agua que hasta aquí no llegan. Ríos secos que no alcanzarán su meta hacia el mar. Mar ausente cuyo rumor solo se aprecia en la impresión de un papel. Aquí no se escucha el mar. Hasta aquí no llega rumor de olas mojando los pies doloridos de un vagabundo impenitente. Desde aquí no se adivina el mar. Las maletas sumisas siguen a sus amos, atadas a ellos, simulando ser corceles, obedientes, precisas, depositarias de mil baratijas acumuladas desposeedoras de utilidad práctica alguna, si acaso, la de la presunción de haber recabado en tal o cual lugar con el fatuo propósito de presumirlos ante conocidos a los que nada importa el relato. Desde aquí el mar no se adivina. Es agosto en una tierra sin mar. *Nota: «En el capítu...