OVINA ERA SU NOMBRE
Remigio tenía una oveja mágica; cada vez que salía al prado, de vuelta volvían dos. Remigio viendo el negocio, compró otra oveja, a la que sacaba con la primera a pacer, pero la ovina primera apercibiéndose de que cabría la posibilidad de ser relegada del primer puesto, comenzó a trazar para sí un plan… Una vez en la pradera y, con Remigio dando cabezadas apoyado en un árbol, la primogénita se acercaba a la recién llegada, de suerte que a empellones la sacaba del ruedo de la consumación adueñándose de aquella forma indigna de la preñez que le hubiera correspondido a la otra. Pasaban la semanas y Remigio ya andaba con la mosca tras la oreja viendo que de su segunda adquisición no conseguía el fruto esperado. Consultó con su abuelo, pastor que fue durante toda su vida, conocedor por ende del mundo ovejil y sus circunstancias. —Mira Reme, tengo para mí que este caso es claramente un acoso y derribo por envidia de la primera a la segunda oveja. El próximo día en luga...