DECADENCIA
El zapato había perdido a su princesa. La gente al pasar lo miraba con condescendencia, no se sabe si en honor de la pérdida principesca o conmovidos por la soledad del cubrepie. Fuera como fuese la forma en que ocurrieron los hechos, lo realmente importante era saber el porqué de la pérdida y la posterior soledad del escarpín. En la calle se cruzaban mil y una historias sobre el zapato olvidado, algunas, cargadas de poesía, otras, de malos augurios, maledicentes las más, mientras la verdadera historia del suceso quedaba oculta entre las baldosas de un suelo resbaladizo, guardián de todas las pisadas de los transeúntes que coleccionaba entre las rozaduras dibujadas por siglos en él. En la acera de enfrente un vagabundo entonaba el estribillo de una canción inventada probablemente bajo los efectos del frío u otros componentes más prosaicos, pero, pese a todo, es muy probable que sus derivas fueran las más acertadas: « Yo la ví. La ví correr perseguida po...