LA DESESPERACIÓN DE LAS SALAS


Lisandro Corazón de León acudía puntualmente a su cita de control policial desde el día que le diagnosticaron TOC tras la agresión a un vecino sobre el que ejercía un control absoluto, llegando a anotar en su libreta de cosas importantes los días y horas en que el colindante hacía uso del tendedero. Cuando Lisandro observó que colocaba desordenadamente la ropa sobre la cuerda sin respetar secuencia de color y tamaño, comenzó a maquinar un plan para resolver según su parecer, aquel desmán, que terminó por convertirse en un sinvivir para él y con el que sus noches eran campo abonado de terribles pesadillas.

Fue una de esas pesadillas la que infortunadamente le dio la pista para enfrentar al vecino. Si despierto tenía abrumadoras ideas…lo que surgió de la pesadilla fue apocalíptico…

Se hizo con el material necesario para la acción y, aprovechando una ausencia (eso creía) del morador armó el arsenal con suma atención. Una lata cargada de gasolina donde previamente había introducido una mecha lo suficientemente larga para poder accionarla desde su lado. La lata atada a una cuerda que deslizó por la maroma del tendedero hasta alcanzar la ventana del enfrentado, y, una vez llegada a la meta: ¡Bommmmmmmmm! Cristales saltando como confeti por los aires, marco de la ventana destrozado, unas tazas sobre la mesa apoyada junta a la ventana…

Una vez gestionado el trámite ante la autoridad su segundo plan de vida era la sala de espera de un hospital desde donde hora tras hora, mes tras mes, veía la vida pasar por delante de él sin que hiciera nada por remediar lo obtuso de su comportamiento. Pasó por toda clase de pruebas y matasanos. Estos últimos desesperados por la inacción del individuo agotaron todos los recursos aplicables que conocían. Entre ellos corrían los informes del estado de Lisandro de forma monótona; a esas alturas una mirada sin atención sobre ellos, la firma…y hasta la próxima visita…

«Mi vida transcurre en una sala de espera. De una a otra voy contabilizando los minutos, las horas perdidas a la búsqueda de inexistentes soluciones rodeado de fantasmagóricas figuras cuyos rostros inexpresivos por contradicción la inercia del que nada espera. Tablero de ajedrez donde los peones se mueven para salvar al rey. Rey inmisericorde que pisotea bailando sobre el tablero a todos sus ponentes. Como resultado no resuelto la incógnita, pendiente de una pantalla que dicta números absurdos cual bombo lotero del que al parecer no forma parte el que a mí me corresponde: se desanuncia mi premio en la administración de lotería que es esta sala de espera sin esperanza».

 

En la pantalla aparece el número:




Para entonces Lisandro lo único que divisa desde su desmembrado cerebro es una sucesión de números sin orden ni fundamento:





—Lisandro, su medicación. —Y la enfermera enfila pasillo adelante sin mirar atrás. Sabe de la suerte que correrán esas capsulitas…




















Comentarios

Cuentos chinos

PAPEL MOJADO

ERROR 500

CUANDO LA LEY NO ES DE LEY

MAMÁ: VOY A SER POETISA

PREPOSICIONES, PROPOSICIONES Y UNA PERSISTENTE CHARCA

NO SOY FEMINISTA

TIEMPO DE TORMENTAS

DETRÁS DEL ESPEJO

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS