TRES TIMBRAZOS SUSPENDIDOS

 


 

Con el tercer timbrazo supo que jamás podría levantarse del lugar. 

No podría abandonar el asiento, el miedo paralizó todos sus músculos.

Llevaba tiempo esperando el llamado del timbre, mientras, por las rendijas de la puerta se colaba un olor inquietante por lo conocido.

El tiempo quedó interrumpido en medio de un silencio ensordecedor, suspendido entre el espacio que separaba dos tiempos contrapuestos, que solo cobran vida en la imaginación del que espera lo inevitable.  

Silencio…










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