LOS PÁJAROS NO FUERON AL SUR PARA PASAR EL INVIERNO
Los pájaros no fueron al sur para pasar el
invierno. Habían tomado posesión del terreno hacía lustros cual asalvajados
señores feudales. No fueron al sur: estaban aposentados como dueños y señores
de una tierra que no les pertenecía.
Primavera, verano, otoño e invierno, tanto daba
que daba lo mismo; montados sobre la grupa de caballos árabes, galopaban
pisoteando los derechos de las gentes que les servían cual esclavos atados con
cadenas, anhelantes del cerrajero liberador. Pero al cerrajero también lo mantenían
encadenado con dobles eslabones y cien candados.
El horizonte pintaba negro, muy negro. Un cielo
plagado de nubes oscuras no dejaba adivinar el sol mantenido detrás de ellas. Historiadores
de probado desprestigio auguraban el triunfo feudalista «in
sécula seculórum» sin llegar a reflexionar sobre lo cambiante del mundo y
los movimientos planetarios.
Para estos esclavistas la densidad que controlaban, suponía un agravio, para ellos añadir más individuos a una población podría
impulsar la dispersión fuera de ese feudo, o tener el efecto nefasto sobre la reducción
de los recursos, es decir, podría entrar en conflicto con sus intereses monetarios
al tener que repartir algo de los carros de monedas que atesoraban en sus
sótanos.
De cara a la población aparecía el gurú con sus
discursos maquiavélicos con los que anestesiaba a la congregación a través de proclamas
tales como las que siguen:
—¿Tiene
la especie en cuestión suficiente comida? ¿Territorio? ¿Espacio para
reproducirse?
Así, sin que le temblara el pulso miraba
satisfecho el efecto que sus palabras producían en la comunidad y, de los
beneficios posteriores que sin duda reportarían a sus arcas, ya de por sí,
llenas a rebosar.
Algunas especies humanoides tienen una fidelidad
extrema al amo maltratador y siguen reproduciéndose y pasando su legado a sus descendientes
los cuales multiplican la lealtad a un feudalismo que los destruye.
No todo está escrito en este libro de un mal
llamado historiador.
Tras la puesta del sol, entre la neblina que crea
el astro hasta ocultarse del todo, aparece un jinete sin espada, sin escudo y
sin coraza, blandiendo la mejor de las armas: la inteligencia.
Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, va tomando
pequeñas porciones de un suelo pisoteado por la inmundicia del feudalismo
reinante hasta entonces…con su poderosa arma de instrucción masiva, con una
dosis de paciencia infinita, va reconquistando el terreno ganado a la miseria y
la esclavitud, alumbrando un camino que siempre estuvo ahí, y, que solo había
permanecido oculto bajo el manto de la avaricia.
Los pájaros que no habían ido al sur a pasar el invierno emigraron en busca de otras tierras a las que poder someter, ellos, que tanto odiaron migrar…pero…pero…
Continuará… (o no)…


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