DE UN PALACIO DE PAJA A UN ARROYO PERVERTIDO

 


 

Hubo una vez en un tiempo lejano, en el país de los fantasmas, una aprendiz de princesa que no consiguió alcanzar más allá del ascenso a bufón. 

Su pasión por la fruta y el vino precipitó su caída por el terraplén que ella con tanto ahínco se dedicó a construir con la ayuda de otros aficionados a la uva.

De cortas entendederas, quienes un día le encumbraron a un altar de paja, terminaron por darle candela con la mecha del olvido.

La soberbia no es la mejor compañera de camino; termina por rellenar cada tramo de guijarros explosivos…

¡Ay!

¡La qué quiso reinar y acabó en un arroyo embarrado!

Las ranas croan en su oído por toda la eternidad un canto perenne y acusador.

Ahora todo es verde. Verde como la avaricia... 













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