SIN NOTICIAS DEL MAR
Es verano.
La ciudad es un enjambre de maletas
chirriantes sobre el asfalto, van derramando notas para hacer notar a los ausentes
de equipaje recordándoles así de paso, sus viajes fuera de la jungla que se
derrite bajo el sol.
Sonidos de agua que hasta aquí no llegan.
Ríos secos que no alcanzarán su meta hacia el mar.
Mar ausente cuyo rumor solo se aprecia en la
impresión de un papel. Aquí no se escucha el mar.
Hasta aquí no llega rumor de olas mojando los pies
doloridos de un vagabundo impenitente.
Desde aquí no se adivina el mar.
Las maletas sumisas siguen a sus amos, atadas a
ellos, simulando ser corceles, obedientes, precisas, depositarias de mil
baratijas acumuladas desposeedoras de utilidad práctica alguna, si acaso, la de
la presunción de haber recabado en tal o cual lugar con el fatuo propósito de
presumirlos ante conocidos a los que nada importa el relato.
Desde aquí el mar no se adivina.
Es agosto en una tierra sin mar.
*Nota:
«En
el capítulo XI de la Odisea de Homero, Ulises desciende al Hades para consultar
al adivino Tiresias sobre su futuro. Tiresias le propone un último viaje.
Ulises deberá echarse al hombro un remo y viajar tierra adentro hasta encontrar
un lugar donde no conozcan el mar ni hayan visto la quilla de un barco. El viaje
llegará a su fin cuando al salir a su encuentro, otro caminante le diga que lo
que lleva al hombro es una pala de aventar el heno».


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