LA SOMBRA DE UN RECUERDO
Lo vi pasar día tras día cada mañana durante años frente a mi ventana. Pregunté en el mercado, en la calle, en las fuentes, por si alguien pudiera darme noticias de su identidad. Nadie lo conocía. Al parecer solo yo era la única que veía aquella imagen detrás del marco de mi ventanal. No era un sueño; era la realidad impactando contra mi retina hasta el día en que con un gesto torpe y disparatado salté por la ventana con intención de conseguir un acercamiento hacia la misteriosa sombra, y quizá si me atreviera, preguntarle quién era, adónde iba, porque elegía el camino frente a mi ventanal y, sobre todo ¿Para qué? En el asalto me llevé por delante un trozo de astilla desprendida del brocal que se clavó en mi rodilla de la que comenzaba a brotar un hilillo de sangre que tapé con mi mano primero, para a continuación dejarla libre y que el reguero siguiera su cauce hasta alcanzar mis pies. Cuando estuve frente a él ni mi voz ni mis piernas atendían a su cometido; quedé p...