TOLEINTOLERANCIA A LA LACTOSA

 


 

«Esto no me está sentando bien, nada bien». 

Hacía tiempo que venía experimentando una rara sensación en el estómago que fluía por entre los canales arteriales hasta la cabeza.

Las presiones atmosféricas de los últimos meses contribuyeron en gran medida al empeoramiento de un malestar hasta ahora desconocido para ella.

Entre la duda de si o no contactar a su ¿amiga? Maripipi, alias «la saberes», que era un espécimen de esos insoportablemente insoportable, pero llegada a la situación en la que se encontraba veía   la necesidad de recurrir a ella, aun sabiendo la inutilidad que sus consejos aportarían al caso.

—¡Ay! ¡Claro que tengo una solución a tu mal! Te paso el número de contacto de un reputadísimo doctor, seguro que el encuentra un remedio a eso que te está pasando. Toma nota: Dr. Pino Curaçao de la Quack, nº 69*************, dirección: Avd. de los Paradigmas Anacrónicos, s/n. ¡Ya me contarás!

Altagracia, decidió a pesar de los pesares tirar por la calle de en medio y hacer caso de la recomendación.

En la consulta, detrás del mostrador, una enfermera de imposible descripción le extendió un formulario a rellenar con sus datos y otras consideraciones que, de entrada, no le cuadraban con el asunto de lo que en principio era una consulta médica. Preguntas innecesarias en todo caso, cuando no impertinentes, en otros.

Pese a las reticencias pensó que una vez llegada hasta allí nada perdía por averiguar la operancia del doctor en cuestión.

Altagracia, tuvo que contener la risa al entrar en la consulta y darse de frente con aquel doctor que parecía sacado de una mala película, y, que tenía el aspecto de un desenterrador.

—Bueno, cuénteme el motivo que la ha traído hasta aquí. —Pregunta el presunto galeno.

—Creo que soy toleintolerante a la lactosa. —Contesta Altagracia.

—¿Perdón? ¿toleintolerante? Eso ¿qué es lo que es?

—Pues no sabría cómo explicarlo, pero es que me pone de mala leche todo, así, en general, a saber: noticias, rrss, tontoslaba, ruidos, cantontos, guerras, opinianonistas, descerebrados, salvapatrias, … la lista es infinita…quiero decir, resumiendo: me pone de mala leche todo esto, y, para más afinar, soy tolerante a la leche en general, pero  intolerante a la mala leche…no sé si me explico…

Para entonces el médico había ido incrustándose en su sillón, ojiplático perdido, sin acertar a comprender del todo el caso que Altagracia le ofrecía y que planteaba un reto de difícil resolución.

—Bueno, de entrada, se va a tomar esta medicación: la pastilla azul al desayuno, la naranja en la comida, la verde en la merienda y la blanca al acostarse. Nos vemos en dos semanas y analizamos el resultado ¿De acuerdo?

Altagracia, movió la cabeza en señal de aprobación, aunque ya desde ese momento tenía meridianamente claro que no seguiría las indicaciones de aquel más que extraño espécimen médico.

Salió de la consulta resuelta a aplicar la solución por sí misma a su toleintolerancia, comprobado que, ni el raro ser que le había endilgado cuatrocientas cucas del ala por aquella insolución, iba a obrar remedio alguno a su dolencia, decidida a darle la vuelta a la tortilla de aquel asunto, comenzó por cerrar todas sus cuentas en RRSS, desconectó su teléfono, mandó al carajo todo medio audiovisual utilizado hasta entonces…agarró un taxi, y sin equipaje ni nada de nada que no necesitaba, se dirigió al aeropuerto rumbo hacia un paraje donde su toleintolerancia pasó a lo anecdótico de una era sumida en la estupidez.

Y colorín colorado, la moraleja de este cuento-descuento sería:

«No bebas aquello que tu estómago no puede digerir».


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Comentarios

  1. Jajaja Me encantó! Consu, siempre aguda!

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    1. Es muy gratificante tener amigas con la agudeza compartida...ja, ja, ja...Me alegra que te guste. Abrazos.

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