UN BUZÓN VAGAMUNDO
Todas las cartas que escribí y envié sin acuse de recibo:
¿Fueron recibidas por el destinatario? ¿Acaso duermen amontonadas en un oxidado
buzón?
Sin noticias del destino final sigo agarrada a la pluma con
la ilusa esperanza de una contestación que quizá el universo se digne
otorgarme. Montones de papeles blancos esperando el deslizamiento de la negra tinta
que cubra su desnudez y mi desamparo, cada gota de color impregna el folio cual
lágrima desahogada espiando a ser recibida por un ausente receptor, nada de
todo lo anterior frena el impulso de rellenar hojas y hojas pacientes al acecho
de contestación.
Hubo una vez un cartero al que abdujo un equipo de hadas
del que no pudo, no supo o no quiso escapar de un destino escrito en las hojas
caídas que alfombraban aquel mágico bosque.



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