Mujeres del pasado, presente, futuro…con un común denominador que las hace indivisibles: “Mujeres de vuelta y media”; de vuelta de tanta opacidad, de tanto gris, de tanta decepción. Venciendo obstáculos a través de una sonrisa que las redime.
Entrar a unos grandes almacenes es cruzar un portal espacio-temporal. El plan era simple: entrar, agarrar los calcetines y salir. Pero el diseño del lugar está pensado por un genio del mal. La sección de caballeros está en el sótano, justo detrás de las escaleras mecánicas que misteriosamente solo suben. En el camino, esquivas a tres vendedores de perfumes que te atacan con fragancias que huelen a «madera del bosque bajo la lluvia» y terminas perdiéndote en la sección de hogar. Dos horas después, sales con un juego de sartenes antiadherentes, una lámpara inteligente que cambia de color y la vaga sensación de que olvidaste algo. Efectivamente: los calcetines siguen en la tienda. Las tres leyes de la física del comprador: La paradoja de las ofertas: Si un cartel dice «Lleve 3 y pague 2», tu cerebro ignorará por completo que solo necesitabas uno y no tenías espacio en casa para los otros dos. El agujero negro de la sección de hogar: Es físicamente imposible pasar po...
Volver al tiempo de las bicicletas de verano. Recorrer caminos que desembocan en el infinito. Un camino asfaltado donde bailan las piedras, Entretanto, la niña goza de la inmortalidad que proporciona la adolescencia. Llegar a la meta era el objetivo. ¿Cuántos deseos incumplidos al alcanzar el final? El propósito era avanzar hacia el norte. La brújula se desnortó, Dejó a la niña al albur de la veleta de los tiempos.
Hoy me he levantado con ganas de no hacer nada, y, en esa nada, he dirigido mis pasos hacia la cocina con intención de farmear la olla exprés. La verdad que no sé muy bien para que sirve esta nueva moda que encuentro constantemente en redes con la palabrita de marras, pero, oiga ‘usté’, es que una no quiere quedarse en el siglo de su abuela e intenta (con clarísimo y estrepitoso fracaso) apuntalarse a las nuevas corrientes por más que le parezcan un signo de estupidez. Llegada a la cocina. ¿Cómo se farmea una olla? He sacado de la nevera un manojo de puerros, añadido una cebolla y un par de patatas a la espera de que se farmearan, pero allí no ha pasado nada distinto de lo que ocurre cada vez que intento hacer un puré…que ya no se denominará puré, seguro…a saber en qué palabro se habrá convertido… Abandono la cocina con la lágrima puesta y el moco colgando a causa de la cebolla, supongo, y con una pregunta que me reconcome el sistema neuronal… ¿Para qué coño ...
Es verano. La ciudad es un enjambre de maletas chirriantes sobre el asfalto, van derramando notas para hacer notar a los ausentes de equipaje recordándoles así de paso, sus viajes fuera de la jungla que se derrite bajo el sol. Sonidos de agua que hasta aquí no llegan. Ríos secos que no alcanzarán su meta hacia el mar. Mar ausente cuyo rumor solo se aprecia en la impresión de un papel. Aquí no se escucha el mar. Hasta aquí no llega rumor de olas mojando los pies doloridos de un vagabundo impenitente. Desde aquí no se adivina el mar. Las maletas sumisas siguen a sus amos, atadas a ellos, simulando ser corceles, obedientes, precisas, depositarias de mil baratijas acumuladas desposeedoras de utilidad práctica alguna, si acaso, la de la presunción de haber recabado en tal o cual lugar con el fatuo propósito de presumirlos ante conocidos a los que nada importa el relato. Desde aquí el mar no se adivina. Es agosto en una tierra sin mar. *Nota: «En el capítu...
Sentada al borde de mis pensamientos, Sospecho que mis azules barruntos, Vuelan entre los impulsos de las olas, Mis pies son el olvido que el agua borró en su huida. El viento trenza hilos de colores en mi pelo. El sonido del mar embravece mis sentidos, Amortigua mis pesares, Me introduce en otros mundos, Transforma mi ansiedad en paz, Y yo solo quiero quedarme a vivir en ese estado.
Compré la chaqueta de segunda mano para protegerme del frío, no para cargar con el secreto de un desconocido. Al introducir mi mano en uno de los bolsillos interiores encuentro una misteriosa nota de papel arrugado, rígido, supongo que como consecuencia del tiempo que llevaba allí. El olor de la chaqueta es una mezcla de madera y metal. Cada vez que me pongo la chaqueta, empiezo a recordar fragmentos de la vida del dueño anterior como si fueran propios. Al final del folio hay una anotación en la que aparece una dirección medio borrada y un número de teléfono que me lleva tiempo y esfuerzo poner en claro. Con la chaqueta puesta mis pies guiados por una voluntad que no es la mía caminan por barrios hasta ahora desconocidos para mí. Entre callejuelas de intensos olores mezclados entre el encharcado pavimento me encuentro ante el número del portal inscrito en la nota. Un recibidor que debió conocer mejores tiempos del que emerge una escalera que subo hasta alcanzar la letr...
Llegó de nuevo al «TACONES DE HIELO». Hielo antártico derritiéndose entre incontrolables emociones. Sentía diluirse en el aguacero. Una vida entera reducida a un instante caló hasta el alma y, no supo que hacer en medio de la inundación. Intuyó una imagen reflejada, irreconocible: la suya. Había perdido la sonrisa…en ese instante comprendió que la sonrisa no puede ser prestada, qué no se debe reír a través de nadie. Las emociones son propias, no financiadas, no se puede vivir de préstamos. En el «TACONES DE HIELO», volvió a escuchar de fondo la poesía de Sabina. Interpretó que a vivir se aprende de nuevo con cada amanecer. No sirven las enseñanzas, las lecciones. Cada día es único y lo pretérito queda obsoleto. La vida es un continuo aprender-desaprender para volver a comenzar de cero. Sus pies descalzos, su cuerpo roto, sus tacones imposibles, volvían a elevarla por caminos colmados de piedras. Se dejaba la vida en la oblicuidad de sus andanzas. Entendió que las lecciones no ...
—Y tú ¿Por qué escribes? —preguntan a menudo. —Y tú ¿Por qué comes todos los días? —Contesto yo. La magia que esconde un cuaderno en blanco, un bolígrafo, una pluma, un lápiz…no se encuentra en ningún otro sitio. Escribo como terapia, escribo para plasmar todo lo que no digo con la palabra, escribo para mí, escribo para reflejarme en el espejo que, devuelve en multitud de ocasiones una imagen incómoda, pero necesaria en la evolución. Escribo como el que come para subsistir, Escribo como necesidad perentoria de un cuerpo que necesita sanar. Escribo para ahuyentar demonios. Escribir entre plumas de mullidos almohadones. Volar. Escribo para mí, Escribo para no olvidar que una vez fui… En definitiva: escribo porque me da la real gana… Mi publicación El descalabro de una escritora ha llegado a la Portada de Bloguers.net!
Lisandro coleccionaba mujeres como el que colecciona sellos. Sus tiránicas formas sobre el trato proporcionado a unos seres a los que nadie les dio opción de elegir ni destino ni lugar de nacimiento. Vivían atemorizadas todas las horas del día. Al mínimo ruido escuchado se aceleraban sus pulsos en el temor de la aparición del sátrapa. En este estado de constante vigilia el cuerpo de estas mártires iba consumiéndose a ojos de quien quisiera contemplarles. Una noche en que la luna jugaba a esconderse iniciaron la fuga con las consecuencias terribles que en ese instante no podían llegar a imaginar. Sorteados los obstáculos para abandonar el castillo sin ser detenidas, no podían llegar a adivinabar el ojo oculto que las observaba… Después de días con sus noches de vagar por parajes desconocidos se presentó ante ellas un territorio sobre el que todas estuvieron de acuerdo en afirmar la bonanza del lugar dispuestas a echar raíces en él sin sospechar siquiera el resulta...
Le gustaba la magia de la escalera de caracol del hotel donde pasaba los veranos con la abuela, imaginaba que al final de la misma se hallaba todo un mundo mágico lleno de las cosas que solo aparecen en sueños. Al final del último escalón aparece una superficie brillante, espejada, cuando ve en ella su reflejo, algo en el plano invita a seguir el camino de la aventura, a aventurarse más allá de los sueños. Su vida había sido hasta el momento una auténtica escalera en espiral. Su ego, su mal entendida autoestima, su forma de dar vueltas hasta conseguir los objetivos que soñaba cada noche y quería hacer realidad al nacer el día, le llevaba a cometer toda clase de actos inmorales con tal de alcanzar su meta… en cada escalón se pergeñaba un nuevo despropósito. Si el de hoy parecía insuperable, el de mañana lo pasaba de frenada con total impunidad… El recibidor era un entramado de columnas alineadas contra toda extravagancia de deseo soñado. Un pasillo marrón en el envés con sen...
Más que mudo, no escuchado.😢
ResponderEliminarMudo, sordo...
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