LA PÁGINA SELECCIONADA NO EXISTE





La silla que eligió para sentarse sufría de espasmódicos ronroneos como si un poder royera sus patas provocando así una tiritera de tal calibre que, contribuyera a salir disparado del asiento el supuesto valiente que se atreviera a poner allí sus posaderas. 

Sentada en su estudio Bruna agarró el frasco de pintura fresca con la intención de concentrarse en el encargo hecho hacía meses, y con el que hasta el presente no había conseguido trazar ni tan solo un simple bosquejo, situación que mantenía a Bruna en permanente vigilia.

El desasosiego era tal que hasta el hecho de tomar un vaso de agua se convirtió en ardua tarea. Intentaba tragar y era como si un tapón en su garganta impidiera el paso del líquido hacia el interior de su anatomía. Una y otra vez con cada intento el único líquido que adornaba su cara era el de las lágrimas de impotencia rodando desde el lagrimal deslizándose hasta alcanzar su cuello.

Eran meses de incertidumbre, de no saber si la situación pasaría a ser un mal recuerdo, si por el contrario, echaría amarras cronificándose hasta el infinito.

¡No puedo más! —El grito que salió de Bruna fue como la irrupción del agua al abrir las compuertas de un embalse.

No buscó ayuda. Permaneció muda ante quienes le preguntaban por su estado. No pudo dar una explicación coherente al cliente que le había hecho el encargo de pintar un cuadro «preciosista» para su preciosista nueva casa…

Salió del estudio. Prendió la pantalla del portátil…




«Existential crisis has been detected»

Con ganas de asestar un puñetazo sobre el cristal y romper con todo, con el ordenador, con los mensajes, con la trampa en la cual mantienen atrapados esos hilos a una generación criada en fase analógica.

Agarró el abrigo, el bolso, el paraguas…y con las botas puestas se marchó hacia un futuro incierto.

Todo futuro lo es.


















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