LAS HOJAS DEL CALENDARIO

A veces tengo la sensación de que a mi calendario le faltan hojas. Parecería que del universo se hubiera apoderado una fuerza que lo llevara a correr por los días a la velocidad de la luz.
Te acuestas en enero y en diciembre unos fogonazos de luces inclementes traen consigo un desconcertante despertar.

Hoy es lunes y mañana domingo.

El tiempo, mi tiempo, ha cobrado por arte de birlibirloque otra dimensión, pasa por mí como una apisonadora de minutos, de los cuales, no puedo extraer más que el desencanto de la pérdida.

Y sueño con aquellos días donde el tiempo se detenía en cada segundo, donde las hojas del calendario eran primavera y no otoño, donde los escalofríos que produce el tiempo no sentido eran traducidos por un sol multiplicador del almanaque.






Quiero mis días y mis años interminables, desde los que no se adivinaba el final. Quiero mi tiempo. Quiero la promesa de un tiempo interminable…

¿Quién ha robado mi anuario?



















Comentarios

  1. Al menos, cuando se nos acabe, que nos de tiempo a mirar atrás para poder decir que vale, hasta aquí, pero que el viaje mereció la pena.

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