UN VIAJE DISTÓPICO

 

Fijó la mirada en la raya que, traspasada, indicaba el precipicio a priori oculto. Su intuición gritaba la inconveniencia de pisarla o atravesarla.

Las rayas delatan el límite infranqueable; al otro lado del espejo la niebla cubre cualquier intento de viaje.

Ella se atrevió a cruzar.

—«Después de esto quizá no haya nada», gritaba una voz interior.

En su incesante batallar, pisó la banda, saltó hacia la nada.

Al otro lado, un ser alado recogió las cenizas del sueño que quedó calcinado en el cruce del guion.

El despertar de aquella mañana trajo una jornada sin sol, sin viajes. Despertó el día anubarrado…No hubo paz en el último trayecto, ni billete de vuelta para un viaje que inicia en contra de la propia voluntad.

Octubre con su traje húmedo se alargó por tres meses. Desde entonces Madrid quedó mirando hacia el este por si al sol se le olvidaba salir.






 

 

 

 

 

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