DECADENCIA
El zapato había perdido a su princesa.
La gente al pasar lo miraba con condescendencia, no se sabe
si en honor de la pérdida principesca o conmovidos por la soledad del cubrepie.
Fuera como fuese la forma en que ocurrieron los hechos, lo
realmente importante era saber el porqué de la pérdida y la posterior soledad
del escarpín.
En la calle se cruzaban mil y una historias sobre el zapato
olvidado, algunas, cargadas de poesía, otras, de malos augurios, maledicentes
las más, mientras la verdadera historia del suceso quedaba oculta entre las
baldosas de un suelo resbaladizo, guardián de todas las pisadas de los transeúntes
que coleccionaba entre las rozaduras dibujadas por siglos en él.
En la acera de enfrente un vagabundo entonaba el estribillo
de una canción inventada probablemente bajo los efectos del frío u otros componentes
más prosaicos, pero, pese a todo, es muy probable que sus derivas fueran las
más acertadas:
«Yo la ví.
La ví
correr perseguida por una negra sombra.
El espectro
voló,
Ella
desapareció en la negrura…»
*Fotografía
de:Jose Girl, titulada «Canto, el mismo dolor».



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