Cuentos chinos
TIEMPO DE SILENCIO
Alguien aporrea la puerta blindada de la casa del miedo. Detrás de los barrotes una legión de habitantes arrebolados en el silencio sepulcral que marca la estúpida era de su tiempo. Disparos al aire alertan dándole alas al miedo. Silencio. A cada golpe aplicado le sigue un violento silencio fúnebre. Abrazados contra la pared como si con ello quisieran sujetar los cimientos de una casa otrora robusta, ahora, con techo de cristal. Hay un niño agarrado a su madre que ya no llora. Hay una madre huérfana, ausente de todo lo que habita a su alrededor incapaz de nombrar lo que la circunda. El llanto del niño ha cesado. La madre ahoga su grito. El resto de moradores que poblaban la casa desapareció entre el humo de una nube negra. Silencio. Mi publicación Tiempo de silencio ha llegado a la Portada de Bloguers.net!
INQUIETANTES DOMINGOS
Se apaga el domingo, Como se apagan los sueños sin realizar. La luna confiscadora del poder solar Merodea ya en el horizonte. Y a mí me gustaría pasar por encima de las tardes de domingo sin rozarlas, Sin transitar por la neblina de un sueño que ya pasó. Mi publicación Inquietantes domingos ha llegado a la Portada de Bloguers.net!
DECADENCIA
El zapato había perdido a su princesa. La gente al pasar lo miraba con condescendencia, no se sabe si en honor de la pérdida principesca o conmovidos por la soledad del cubrepie. Fuera como fuese la forma en que ocurrieron los hechos, lo realmente importante era saber el porqué de la pérdida y la posterior soledad del escarpín. En la calle se cruzaban mil y una historias sobre el zapato olvidado, algunas, cargadas de poesía, otras, de malos augurios, maledicentes las más, mientras la verdadera historia del suceso quedaba oculta entre las baldosas de un suelo resbaladizo, guardián de todas las pisadas de los transeúntes que coleccionaba entre las rozaduras dibujadas por siglos en él. En la acera de enfrente un vagabundo entonaba el estribillo de una canción inventada probablemente bajo los efectos del frío u otros componentes más prosaicos, pero, pese a todo, es muy probable que sus derivas fueran las más acertadas: « Yo la ví. La ví correr perseguida po...
TODAVÍA QUEDAN ISLAS DONDE NAUFRAGAR
Después de años meditando sobre la posibilidad de largarse de la ciudad—pueblo inmundo que llevaba habitando más de media vida decidió al fin, por fin, dar el paso. Empaquetó desordenadamente unos cuantos bártulos seguramente prescindibles para el viaje que pretendía llevar a cabo; con un billete de avión en la mano y la bolsa de viaje en la otra dejó atrás su barrio, sus calles, encaminándose hacia el lugar que en sueños suponía traería paz a una vida desasosegante. El avión aterrizó en el aeropuerto de segunda o tercera si se compara con cualquier lugar del llamado primer mundo. Mareada por el tormentoso viaje se encaminó hacia el hospedaje que tenía reservado, un lugar que seguro conoció mejores tiempos, o no, a saber. Su habitación al menos tenía vistas al mar, del mobiliario mejor no hablar. Las cortinas con algún que otro rasguño, en el baño una cortina raída ocultaba la bañera de mandos oxidados que hacían juego con un lavabo desconchado…en fin, se dijo, pequeñ...
UN BUZÓN VAGAMUNDO
Todas las cartas que escribí y envié sin acuse de recibo: ¿Fueron recibidas por el destinatario? ¿Acaso duermen amontonadas en un oxidado buzón? Sin noticias del destino final sigo agarrada a la pluma con la ilusa esperanza de una contestación que quizá el universo se digne otorgarme. Montones de papeles blancos esperando el deslizamiento de la negra tinta que cubra su desnudez y mi desamparo, cada gota de color impregna el folio cual lágrima desahogada espiando a ser recibida por un ausente receptor, nada de todo lo anterior frena el impulso de rellenar hojas y hojas pacientes al acecho de contestación. Hubo una vez un cartero al que abdujo un equipo de hadas del que no pudo, no supo o no quiso escapar de un destino escrito en las hojas caídas que alfombraban aquel mágico bosque.
A GALOPAR
Corre, que el tiempo presente no nos alcance. Corre, es tiempo de volar sobre el anochecido relente. Corre, que las amenazadoras armas de mil ejércitos enloquecidos no puedan darnos alcance. Corre, corre, no solo para huir sino para alejarse del estremecedor ruido de un tiempo que no nos pertenece, al cual no pertenecemos… Corre, corre hasta que el silencio alcance a establecerse dentro de tu ser… Corre…
REGRESIONES
En el interior del avión resonó la voz de la azafata: — Abróchense los cinturones, vamos a aterrizar. Alejandro escuchó el mensaje entre sueños. En esos segundos que van del duermevela al despertar, una suerte de modorra no le dejaba pensar con claridad. ¿Había salido de Canadá o estaba a punto de tomar tierra en el país de las nieves? De nuevo la voz de la azafata le sacó de dudas: — Estamos tomando tierra en el aeropuerto de Jerez. Esperamos que hayan disfrutado del vuelo…el comandante y toda la tripulación…bla…bla…bla… En el hall del aeropuerto le esperaba Mónica. Un saludo entrecortado, difícil de resolver. Mónica no sabía muy bien cómo encarar el asunto. ¿Cómo hablar sin nombrar?, ¿Cómo contar sin entrar en detalles? De camino al tanatorio apenas hablaron, cuatro frases convencionales para salir del paso. Allí estaban Pablo, Martín y el resto de amigos. Alejandro, se acercó a la madre de su amigo. Sin lágrimas, sin lamentos, en un abrazo, ella, zanjó el asunto: — Siem...
MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO
—«Mayo, promesa de lo que se avecina». Comidas en familia, playa, bikini… —«Preferiría estar muerta». Más de tres años desde el momento que se tropezó con León. En los pasillos de la facultad se concretó una especie de contraseña no verbalizada cada vez que cruzaba el «leonino». Como las cosas suceden sin que tengamos arte ni parte en ellas, pues…una cosa llevó a la otra…y… —Un poco llenita estás. Eres mona, pero quizá con unas clases de gimnasio… Hasta ahí, ella, con una talla treinta y ocho, no había imaginado —no se había imaginado «llenita»—. Fue el detonante que activó el proceso de: —«Mi boca cerrada a cal y canto hasta el fin de mis días». Veinte kilos de menos y tres años después, no tenía nada que perder. León se fugó con otra. Cada quince de mayo recordaba enviar un ramo de margaritas amarillas al mausoleo.
TACONES RESONANDO EN EL ECO
Llegó de nuevo al «TACONES DE HIELO». Hielo antártico derritiéndose entre incontrolables emociones. Sentía diluirse en el aguacero. Una vida entera reducida a un instante caló hasta el alma y, no supo que hacer en medio de la inundación. Intuyó una imagen reflejada, irreconocible: la suya. Había perdido la sonrisa…en ese instante comprendió que la sonrisa no puede ser prestada, qué no se debe reír a través de nadie. Las emociones son propias, no financiadas, no se puede vivir de préstamos. En el «TACONES DE HIELO», volvió a escuchar de fondo la poesía de Sabina. Interpretó que a vivir se aprende de nuevo con cada amanecer. No sirven las enseñanzas, las lecciones. Cada día es único y lo pretérito queda obsoleto. La vida es un continuo aprender-desaprender para volver a comenzar de cero. Sus pies descalzos, su cuerpo roto, sus tacones imposibles, volvían a elevarla por caminos colmados de piedras. Se dejaba la vida en la oblicuidad de sus andanzas. Entendió que las lecciones no ...


¡Uffffff!
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