Mujeres del pasado, presente, futuro…con un común denominador que las hace indivisibles: “Mujeres de vuelta y media”; de vuelta de tanta opacidad, de tanto gris, de tanta decepción. Venciendo obstáculos a través de una sonrisa que las redime.
La irrealidad actual que invade espacios, tiempos, vidas… mientras alienados seres transitan por el mundo desconectados de la vida que crece a su alrededor. Desconexión se llama. «Me desconecto para dejar que una máquina viva por mí, piense por mí, se mueva por mí»... A la vuelta del milenio nadie recordará nada de lo que hoy se dio y quedó enterrado por los largos brazos de un dispositivo al que llamaron digital que parpadeaba con cada interacción de los duendes que habitaban su interior susurrando a gritos: «¡Escúchame! ¡Mírame! ¡Respóndeme!» Cada vez más solos, más tristes, más aislados, En una isla de incesantes parpadeos…
A través de la retina de un visionario se ven pasar por el ojo de una aguja una caravana de camellos caminando hacia la entrada de un oasis. Pudiera ser que pudiera ser una ensoñación, un espejismo, o quizá, el resultado firme de la aseveración bíblica sobre la facilidad que existe entre esta posibilidad o de la que un rico se convierta en alguien decente. Si de soñar se trata, soñemos con caravanas de camellos cruzando hacia oasis de paz. Mi publicación Un camello en el ojo de una aguja ha llegado a la Portada de Bloguers.net!
El #ConcursoHammershoi de microrrelatos fue una iniciativa del Museo Thyssen sobre la obra de Vilhelm Hammershøi : «Interior con una mujer barriendo». El relato debía constar de no más de 25 palabras y contener la frase : «La puerta no tenía pomo». Participé con este post: Las instrucciones eran cristalinas: «No abrir la puerta». Nada más peligroso que una prohibición para evitar lo impuesto. La puerta no tenía pomo. Ella tenía copia de la llave.
No era un huerto cualquiera el huerto de mi abuela, ni las lentejas que allí crecían eran en modo alguno singulares. Llegado el tiempo de la recolección yo, despertaba ansiosa por lo que el día traería consigo. Me vestía de gala para hacer los honores a aquellas pepitas redondeadas de las cuales emergía un duende saltarín que, de un brinco, se posaba sobre mi hombro mientras golpeaba un gong. Con cada sacudida apartaba de un plumazo toda desdicha abonando el camino que desembocaba en una tranquilidad que, sin su ayuda hubiera resultado inalcanzable. Y yo reía, era feliz, bailaba, saltaba por entre las matas colmadas de campanitas guardianas de su tesoro. ¡Marina! ¡Despierta! ¡Se te enfrían las lentejas! ¡Qué pierden hierro y vitaminas! —La abuela irrumpiendo en el sueño borró de un plumazo todo fantaseo. No me importó mucho volver a la realidad. Me gustan tanto las lentejas de mi abuela que, todo lo perdono por un plato de sus mágicas lentejas. Pero…en sueños el duende apa...
Piedra que sujeta a otra piedra, Pirámide hecha de resbaladizos guijarros acompasados por el fluir del agua El junco nace a su vera como testigo de que la aparente dureza tiene su cuota de ductilidad. Piedras pequeñas nacen a los pies de sus progenitoras, ponen así de manifiesto la reproducción de las mismas. Manantial de piedras, Agua saltarina, Junco, paraguas protector, Una piedra se vuelve dura a través de los daños, Nunca de los años. Mi publicación El silencio empedrado ha llegado a la Portada de Bloguers.net!
Satisfacción, reconocimiento, premios sustanciosos... Hay quien nunca ha ganado nada, y hay quien es capaz de cualquier cosa por ganar una milésima de segundo de una gloria envenenada. El universo encargado en eso de la repartición otorga a uno la cualidad de martillo y a los más la condición de clavo. A ciencia cierta no se sabe muy bien el porqué de que a uno le adjunten una de estas dos cualidades o peor vengan impuestas en el ADN. Cuando Kakia nació todo fueron parabienes en aquella hasta entonces silenciosa casa. Los llantos amenizaban una vida sin ruidos sin color y sin pasiones. —Esta niña será reina…—Aventuró su abuela que, como toda abuela que se precie está más dominada por el amor que por datos objetivos. Ni Kakia fue reina, ni dominó reino alguno que no fuera el de su propio ego. Soberbia para con los que conformaban su círculo. Altiva y endiosada era la soberana de la altanería, arrogancia, fatuidad, altivez, inmodestia, presu...
Galatea tenía dos ojos, nada de particular, tenía dos ojos como casi el resto de los mortales. La particularidad era otra: cada uno de ellos era portador de un color distinto al otro. Cuando Galatea soñaba con el mar tapaba su ojo izquierdo y observaba su mundo con el derecho que, le permitía gozar a través de su iris azul, contemplar de ese color lo que le rodeaba. No todo era de color azul. A veces su ojo derecho daba paso al izquierdo y, hasta la más mínima cuestión sin importancia se tornaba del color de su propietario, es decir, inundaba el mundo de Galatea de un marrón oscuro del que no conseguía escurrirse quedando a merced de los más oscuros pensamientos. Los días azules de Galatea estaban llenos de creatividad, de una incesante actividad; leía, escribía, dibujaba, se juntaba con amigos para correr, nadar, contar historias inventadas sobre futuros sueños irrealizables o no… Pero, —maldita conjunción adversativa—sin previo aviso, sin acuse de recibo, así, de ...
Remigio tenía una oveja mágica; cada vez que salía al prado, de vuelta volvían dos. Remigio viendo el negocio, compró otra oveja, a la que sacaba con la primera a pacer, pero la ovina primera apercibiéndose de que cabría la posibilidad de ser relegada del primer puesto, comenzó a trazar para sí un plan… Una vez en la pradera y, con Remigio dando cabezadas apoyado en un árbol, la primogénita se acercaba a la recién llegada, de suerte que a empellones la sacaba del ruedo de la consumación adueñándose de aquella forma indigna de la preñez que le hubiera correspondido a la otra. Pasaban la semanas y Remigio ya andaba con la mosca tras la oreja viendo que de su segunda adquisición no conseguía el fruto esperado. Consultó con su abuelo, pastor que fue durante toda su vida, conocedor por ende del mundo ovejil y sus circunstancias. —Mira Reme, tengo para mí que este caso es claramente un acoso y derribo por envidia de la primera a la segunda oveja. El próximo día en luga...
Dominaba el tablero como nadie. Con ayuda del alfil quiso conquistar la torre. El caballo no se avenía a ello. El rey por miedo a ser destronado encomendó a sus peones borrar del mapa a la dama. Un peón disidente alcanzó la última fila, se acercó a la dama; uniendo sus manos con fuerza de lo que hasta entonces parecía inmutable, destronaron al rey cambiando así las reglas que, por siglos permanecieron inalterables, en un juego dónde solo puede ganar la inteligencia… En el tablero tiene el mismo valor la figura de un rey, que la de un no suficientemente valorado peón hasta que llega la ocasión de desmontar el mito. Mi publicación La dama y la torre ha llegado a la Portada de Bloguers.net!
Hay algo en la súplica de desprotección en aquel que la practica. El miedo se adueña del ser suplicante y baila con él un minué en un estanque helado que se resquebraja al mínimo contacto. Detrás de los ojos del implorante habita escondida una súplica silenciosa por miedo a que la claridad desvanezca el propósito primero. Suplicar es rendirse ante el enemigo invisible que ostenta el poder. La súplica lleva el incombustible disfraz del miedo que no es otro sino el de un bajo amor a sí mismo. Hay quien suplica amor como si estuviera pidiendo unos zapatos nuevos para presumir en la feria. Hay quien simplemente suplica por un techo y un plato de comida: estos han perdido el miedo; el miedo quedó engarzado en la imperante necesidad del subsistir. La tabla del debe y el haber ha de contener un equilibrio. O mejor: un desequilibrio en el que, el debe, gane en esta ocasión al haber. «Debo todas las suplicas de cien años de existencia por no haber suplicado ni cuando quizá, solame...
Siempre son los niños lo más importante. Son el relevo de lo viejo y tendríamos que enseñarles a no cometer nuestros errores, cosa que no se hace.
ResponderEliminarPero ellos son muy inteligentes y aprenden a no imitarnos. (Eso creo). ¡Saludos!
EliminarLos niños son inteligentes hasta que el tiempo los malogra haciéndolos adultos.
ResponderEliminarEse es el gran hándicap. ¿Quizá una vacuna que evite acumular años? Gracias, Rodolfo por tus comentarios. Un abrazo.
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