OVINA ERA SU NOMBRE
Remigio tenía una oveja mágica; cada vez que salía al prado,
de vuelta volvían dos. Remigio viendo el negocio, compró otra oveja, a la que
sacaba con la primera a pacer, pero la ovina primera apercibiéndose de que
cabría la posibilidad de ser relegada del primer puesto, comenzó a trazar para
sí un plan…
Una vez en la pradera y, con Remigio dando cabezadas
apoyado en un árbol, la primogénita se acercaba a la recién llegada, de suerte
que a empellones la sacaba del ruedo de la consumación adueñándose de aquella
forma indigna de la preñez que le hubiera correspondido a la otra.
Pasaban la semanas y Remigio ya andaba con la mosca tras la
oreja viendo que de su segunda adquisición no conseguía el fruto esperado.
Consultó con su abuelo, pastor que fue durante toda su vida, conocedor por ende
del mundo ovejil y sus circunstancias.
—Mira Reme, tengo para mí que este caso es claramente un
acoso y derribo por envidia de la primera a la segunda oveja. El próximo día en
lugar de echarte a roncar mantén los ojos bien abiertos y tú mismo descubrirás
el pastel. —Le dijo el abuelo a un
Remigio ojiplático, pero atento a la recomendación.
Remigio siguiendo los consejos de su abuelo, mantuvo
abiertos los ojos durante toda la jornada que compartió con las dos ovejas.
¡Hostia tú! ¡Tenía razón el abu!
Cuando uno de los carneros se acercaba a rondar a la
segunda oveja, la primera se interponía lanzando a la candidata de una patada
al otro lado de la pradera, quedándose para sí al amante que, no estaba
dispuesta a compartir.
Cuando Remigio vio aquello agarró a sus dos ovejas y tiró
pradera abajo hasta el redil. Dejó sus aperos y entró en casa.
Al amor de la lumbre, sentado en su banqueta, el abuelo
fumaba uno de sus cigarrillos de cuarterón que se le iba derramando por la
barbilla. En cuanto vio entrar a Remigio con el paso de quien tiene una urgencia,
adivinó la razón de sus andares.
—No me digas más, ¿Tenía o no yo razón?
—¡Vaya si la tenía, abuelo!
—¿Qué piensas hacer?
Pues, yo creo que la solución es llevarlas por separado al
prado, un día una, otro día a la otra ¿No le parece?
—Bueno, puede que funcione, por probar…
Y el plan funcionó. Los días pares fueron para la
primogénita. Los impares para la segunda, que una vez sin el obstáculo de la
primera comenzó a ofrecer al Reme sus primeras crías.
Una vez solventada la cuestión, el rebaño de Remigio creció
y creció hasta dar la vuelta a la situación de Remigio que, pasó de pastor
uniovejil a ganadero prodigioso, envidiado ahora por el resto de pastores de la
región que se preguntaban sobre aquel milagro bíblico sobre panes y peces
trasladado a lo ovejil.
Siempre hay una solución para erradicar las envidias, solo
hace falta tener la intención y el ingenio para encontrarlas.
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Tiene un humor travieso y muy rural. Me hizo mucha gracia cómo la oveja mágica boicoteaba al pobre Remi a base de patadas, como si tuviera su propio plan secreto. Muy buen relato.
ResponderEliminarA veces me atrapa la rural que llevo dentro...ja, ja, ja...Vete a saber si esto en realidad no es un cuento y pasa más de lo que podemos llegar a ver. Muchas gracias por tus comentarios. Un saludo.
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